miércoles, 24 de noviembre de 2010

La fuerza de la solidaridad

El 28 de abril de 2009, el joven camerunés Jacques Armand Nog, estudiante de Ingeniería de la UPV, fue deportado en cuestión de horas a Camerún. La movilización de sus compañeros permitió su regreso 145 días después.

La cita con los periodistas y su antiguo colega de la facultad tiene lugar en la estación de autobuses de Vitoria, la ciudad en la que vive y desde donde salió aquella mañana del 28 de abril de 2009 en la que, ni en la peor de sus pesadillas podía imaginar que un día normal de estudios en Donostia iba a acabar esposado en un avión con dos policías españoles escoltándole rumbo a Nigeria por una Ley de Extranjería que no entiende no solo de humanidad, sino tampoco de esfuerzo, capacidad de superación y el más mínimo sentido común.
Pero así fue, tras coger el autobús, como cada día, de Vitoria a Donostia, "me estaban esperando en la estación de Amara varios policías de paisano". Unos meses antes, Armand Nog ya fue detenido por tener el pasaporte caducado y cada dos semanas tenía que acudir a la comisaría para sellar mientras trataban de arreglarle los papeles a un estudiante modélico que recaló en Euskadi en 2004 para vivir con su madre y sus hermanos en función del reagrupamiento familiar. "Salí de Camerún por lo que lo hacemos todos; para buscar un futuro mejor", apunta Armand.
Pero aquel día le tocó la indiscriminada loteria de la injusticia. Tras ser detenido y conducido a la comisaría de Donostia, le comunicaron que iba a ser deportado. "No me lo podía creer, les enseñé la matrícula de la Universidad y les dije que no podía ser porque tenía exámenes en un mes en aquel entonces estudiaba Ingenieria Técnica en el campus de Donostia pero no sirvió para nada y empecé a llorar de la impotencia que sentía".
Una situación de injusticia que no fue ajena a los propios funcionarios policiales que tuvieron que ejecutar la deportación exprés del joven camerunés, "que me dijeron que era muy injusto lo que estaba pasando. Uno de ellos empezó a dar portazos dentro de la comisaría".
El sentimiento de impotencia y humillación fue creciendo al mismo tiempo que la situación le provocaba intensos dolores de cabeza al joven estudiante, "y me llevaron esposado al hospital. Ese momento no se me olvida, cuando iba por los pasillos del hospital con las esposas puestas".
De ahí, en coche a Barajas para coger un vuelo a Camerún vía Marruecos. Fue en este punto cuando Armand reconoce que se desahogó con los policías, "y les decía que ahora entendía el porqué muchos jóvenes inmigrantes que no han hecho nada de repente se vuelven rebeldes. Ahí lo entendí".
Sin comerlo ni beberlo, en poco más de 24 horas se encontró en la ciudad camerunesa de Yaoundé, con su mochila de estudiante para pasar el día en Donostia y 10 euros en el bolsillo que tenía para el bocadillo, y sin nadie a quien recurrir porque la mayor parte de su familia había fallecido o vivía lejos. La tensión acumulada le sobrevino de repente y acabó sufriendo un desfallecimiento y fue trasladado al hospital.
Fue una enfermera del centro sanitario, "una madre con siete hijos a los que alimentar", la que le dio amparo y cobijo en su casa dos semanas, "y hasta me dio ropa", afirma agradecido Armand. Al cabo de esas dos semanas, los padres Salesianos se hicieron cargo del joven deportado hasta su definitiva repatriación el 18 de septiembre de ese mismo año. Armand, que se confiesa "poco religioso", solo puede mostrar palabras de agradecimiento hacia los religiosos y reconoce que empezó al principio a ir a misa por las mañanas, "pero lo dejé enseguida porque se levantaban demasiado pronto", sonríe divertido.
A miles de kilómetros, en el campus donostiarra de la UPV, sus compañeros de estudios no podían dar crédito a la situación que estaba viviendo Armand y comenzó la movilización. "Pero desde la dirección interviene Iñigo Parra, uno de los amigos que más se movilizó para conseguir el regreso de Armand nos decían que no hiciéramos nada, que igual era peor; nosotros no lo podíamos entender y fue entonces cuando fuimos al periódico en referencia a NOTICIAS DE GIPUZKOA para que se conociera la situación y se hiciera algo, nos daba igual que nos dijeran que podía ser contraproducente porque no podíamos tolerar esa injusticia. No entendíamos absolutamente nada".
Armand escucha a Iñigo y corta la conversación afirmando con agradecimiento y convencimiento que "si mis compañeros no hubieran metido tanto ruido como metieron no hubiera podido volver. De eso estoy seguro".
Con Armand en la residencia de los Salesianos, "eso se consiguió gracias a la iniciativa personal de una profesora de la Universidad que no estaba muy conforme con que no se hiciera nada aclara Iñigo Parra para que quede constancia" se puso en marcha, por un lado la maquinaria de la solidaridad estudiantil y por otro las gestiones burocráticas en las altas instancias para conseguir el ansiado visado de estudiante de Armand.
Mientras en la UPV se inventaba el Armandómetro, un peculiar y aparatoso artilugio para recaudar dinero para Armand, el joven estudiante deportado acudía a diario a la embajada española en su país natal para ver si tenía la fortuna de haber desaparecido de la lista negra, ese frío estadillo de nombres que trata de cortar los sueños de quienes aspiran a un futuro mejor.
En su estancia en Camerún, Armand recibía de sus compañeros los apuntes de clase, "me llegaban en valija diplomática", sonríe e, incluso, fue a la embajada a realizar sus exámenes de junio, "y no me llevé los apuntes para copiar, aunque podía".
'Vacaciones' en la playa El tiempo pasaba y el apoyo humano, además del material, de los Salesianos, le permitió socializarse en su país de origen, formarse un nuevo grupo de amigos y hasta irse quince días de vacaciones a la playa. "¿En eso te gastabas el dinero que te mandábamos, ¿eh?", le reprocha irónicamente Iñigo mientras Armand niega tajantemente, entre risas, que se gastara nada del dinero que le enviaban sus compañeros aunque acaba reconociendo, presionado por su compañero y los periodistas, de que se divirtió con chicas en la playa "porque había que desahogarse" aquellos días de vacaciones.
Las gestiones de Gobierno Vasco y UPV, provocadas por la movilización de los estudiantes universitarios, dieron finalmente sus frutos y un buen día, en su rutina diaria de la visita a la embajada, le comunicaron que ya había desaparecido de la lista negra y que podía regresar a España en cuanto quisiera. Armand reconoce que los vínculos establecidos durante aquellos meses, especialmente con los padres Salesianos, le provocaron un sinfín de emociones en la despedida de quienes fueron su familia durante aquel injusto destierro.
Finalmente, el 18 de septiembre de 2009, 143 días después de haber sido detenido en la estación de Amara, Armand se ponía elegante, "quería llegar guapo para reencontrarme con mi familia pero al final parecía un mafioso (risas)", y se encontró con su familia en el aeropuerto de Barajas.
Armand Nog se pone serio en este instante y muestra su agradecimiento a "todos y cada uno de los que me apoyaron en todo aquel tiempo porque sin ellos no estaría de nuevo aquí. Es más añade después de todo lo que me apoyaron, la mejor forma que tengo de agradecerlo es sacarme la carrera porque es lo menos que puedo hacer por ellos". Armand, en estos momentos, cursa Ingeniera Superior en el campus de Bilbao, una carrera de tres años, y tiene un visado de estudiante que debe renovar cada año, "pero tengo que acreditar que me puedo mantener económicamente", afirma sin esconder su temor al momento de tener que volver a renovar el permiso.
De la experiencia vivida, Armand tiene claro que "tengo que ser más cuidadoso con los temas legales, no ser negligente y hacer las cosas con antelación porque lo que tengo muy claro es que nadie me va a regalar nada", y tiene un especial cuidado en no criticar abiertamente la estricta Ley de Extranjería que provocó su situación, "aunque creo que deberían ser menos estrictos porque no hay nada de malo en que la gente quiera buscar un futuro mejor".
La cita llega a su fin con los proyectos de futuro y la complicada búsqueda de trabajos que permitan aliviar la situación económica. "Así que ya sabéis interpela Iñigo Parra a los periodistas, menos entrevistas de periódico y más entrevistas de trabajo", entre las risas y asentimientos de Armand, un joven y modélico estudiante al que hasta el Gobierno Vasco le otorgó recientemente un reconocimiento y que, gracias a la kafkiana situación en la que se vio envuelto, pudo comprobar la enorme fuerza de la solidaridad.

Publicado en Noticias de Gipuzkoa el 24-11-2010

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