martes, 30 de noviembre de 2010

El triunfo de la constancia

A la cita con los periodistas en el velódromo Antonio Elorza, Leire acude en su recién estrenado vehículo, con su nombre y el de un concesionario incrustados en la carrocería, uno de los pocos signos visibles de que ha entrado algo de dinero en su vida deportiva desde que se convirtiera en unos de esos pocos privilegiados que en el mundo pueden presumir de tener colgada una medalla olímpica junto a la foto de la familia.
El encuentro es al mediodía y ya es la segunda vez en el día que pisa la pista donostiarra. Ha estado entrenando temprano por la mañana y volverá por la tarde. Viene de colgarse el oro en los Campeonatos de Europa de Polonia y viajará a Sudáfrica para sumar los puntos necesarios que le aseguren su presencia en la madre de todas las competiciones deportivas; los JJOO de Londres en 2012. Y para ello trabajará a destajo, como lo ha hecho desde siempre la ciclista de Ikaztegieta, que un buen día mientras trabajaba de azafata en el Zinemaldia, alternando sus estudios de Magisterio y Turismo con el deporte, decidió que iba a dedicarse a fondo al mundo de la bicicleta.
Leire reconoce que desde siempre fue "muy aficionada a todos los deportes, me daba igual cuál fuera. Yo siempre he sido de jugar más con los chavales porque los juegos de las chavalas me parecían aburridos". De esa afición por el deporte nació su primera incursión en el mundo del atletismo, modalidad que abandonó en el año 2003 "porque llegó un momento en que ya no me ilusionaba y cuando algo no te ilusiona, lo mejor es dejarlo".
Pero surgía un problema. A Leire, entonces con 26 años, ya no le ilusionaba el atletismo aunque sí la práctica deportiva, ese sueño infantil de verse algún día en unos Juegos Olímpicos. Ahí entró en escena su novio, Javier Azkue, que fue la principal causa de que hoy estemos hablando con una medallista olímpica que aspira a subir a lo más alto del cajón en el verano del 2012 en Londres. La motivación de Azkue y el tesón innato de Olaberria hicieron el resto, "aunque a mi ama no le podía entrar en la cabeza que a los 26 años de repente me quisiera hacer ciclista", sonríe. Hoy es su madre la que enseña a las visitas en su casa de Ikaztegieta la medalla olímpica de su hija "porque todos los trofeos los tienen mis padres. Mi casa añade es mi lugar de desintoxicación y se los doy a mis padres".
Lo que a la mayoría de las deportistas de 26 años les hubiera supuesto el abandono de la práctica deportiva, la pérdida de la ilusión, a Leire Olaberria le supuso un acicate "porque las dificultades siempre han hecho que me motive", y de la noche a la mañana se vio encima de la bici. "Si mi novio hubiera jugado al tenis, igual ahora era tenista", ríe, para seguir buscando su sueño infantil.
Una vez encima de la bici, "al principio en la pista casi me caía", recuerda Leire, empezó a destacar por sus condiciones físicas. En el primer campeonato de alto nivel en 2004, "aunque las veía a todas muy arriba, no me parecía que fueran inalcanzables; creía que podía llegar al nivel de ellas". Fue en el Campeonato del Mundo de Moscú en 2005, donde la ciclista guipuzcoana obtuvo la octava plaza, el momento en el que "me di cuenta que me llamaba mucho la alta competición, de que mi hobby podía llegar a ser mi trabajo". Así que la ikaztegietarra decidió en la edición de ese año del Zinemaldia que va a entregarse en cuerpo y alma a perseguir su sueño y la llamada de Cepsa-Euskadi, el único equipo profesional vasco en pista, le facilita las cosas.
Comienzan a llegar pequeñas ayudas por sus éxitos, lo que le permite a Olaberria centrarse en su carrera. E inicia con ahínco su camino para estar presente en Pekín en 2008. El 29 de marzo de ese año, en el Mundial de Manchester, consigue un cuarto puesto "que me supo a gloria" y la clasificó para Pekín. Del 18 del 8 de 2008 "y fue la 8ª medalla para España", añade, todo está grabado a fuego lento en la memoria de Leire. "Por la mañana, cuando íbamos para el estadio, el fisio del equipo español me dijo que cogiera el chándal blanco, que es el que se utilizaba para la ceremonia de las medallas, y yo no le hacía caso pero me obligó a darme la vuelta para recogerlo. En el equipo había una euforia desmedida de que iba a conseguir medalla y yo no lo creía del todo".
Pero no era desmedida, había motivos para confiar en Leire "aunque al principio la carrera no fue bien para mí, Marianne Vos salió fortísima, con un ritmo impresionante y yo ya me veía fuera del podio, pero en la última vuelta me dije, aquí hay que darlo todo y al final fui bronce".
Olaberria no encuentra palabras para describir las sensaciones de ver colgada en su pecho una presea olímpica. "No sé, lo es todo, es el gran día, el sueño que tienes desde niña, aunque ya se había cumplido con estar en unos Juegos, y no te acabas de creer. Vives como en una nube recuerda con la cantidad de felicitaciones que recibes y yo recuerdo que el bajón me vino a los dos días, el cuerpo me dio la vuelta por completo. Pero todo es muy bonito y más en un deporte pequeño como es el ciclismo en pista". La camaradería y solidaridad olímpica es refrendada por Leire Olaberria "porque es verdad que vives los fracasos y las alegrías de los demás como propias, se palpa mucha emoción, es distinto a todo". Entre los recuerdos de Leire está "el agobio que me entraba ver cómo a Nadal le pedían autógrafos y fotos cada cinco minutos y él atendía a todo el mundo con una sonrisa en la boca. Era increíble".
Cuando entramos en terrenos pantanosos como es el goteo permanente de casos positivos por dopaje en el deporte del ciclismo, Leire es clara y contundente: "La principal responsabilidad es de los ciclistas, cada uno sabrá porqué hace las cosas" aunque deja claro que "no todos los positivos son iguales" porque no tiene nada que ver un positivo por dopaje u otro de "una intoxicación alimentaria". Le preocupa, y le apena, "la pérdida de credibilidad, que es lo más cruel, porque la duda se extiende a todo y en todas las circunstancias". "Los ciclistas han pasado de ser héroes continúa a estar permanentemente bajo la sospecha".
La corredora de Ikaztegieta utiliza un símil muy gráfico para explicar la situación: "Con el dopaje, los ciclistas hacemos lo mismo que cuando hay una caída en el pelotón, esquivarla para que no nos pille y después decir Uff, nos hemos librado". Olaberria asegura desconocer cuál es la solución, "pero estamos aceptando una que no nos da credibilidad", y no tiene nada claro que la salida sea la vigilancia cuasi policial que los miembros de la UCI efectúan sobre los ciclistas profesionales con un control hora a hora de todos los pasos que dan.
En este punto, Leire relata entre enfadada y divertida cómo recientemente, los conocidos como vampiros en el argot ciclista llamaron al timbre de su casa de Astigarraga a las seis de la mañana para efectuar un control. Aún somnolienta, a la ikaztegietarra no se le ocurrió otra cosa que llamar a los municipales del pueblo "porque a esas horas no me acordaba ni de que era ciclista y me asusté con los timbrazos". Así que Leire tuvo que mediar en la kafkiana situación de tener en el rellano de su casa a una pareja de inspectores franceses de la Unión Ciclista Internacional (UCI) que pretendían hacerle un análisis al amanecer y a una pareja de municipales de Astigarraga que, presuntamente, iban a detener a dos gamberros que resultaron ser técnicos de la UCI.
Le duele la situación, pero Leire aplica su medicina preferida, la responsabilidad personal, la misma que emplea al referirse a la situación del deporte femenino "donde las mujeres nos hemos acostumbrado a llorar mucho antes de demostrar lo que valemos, y lo que hay que hacer es exactamente lo contrario. Primero, ganemos campeonatos, demostremos lo que podemos hacer y entonces podremos pedir. Siempre tengo la sensación añade con rotundidad de que las mujeres estamos con excusas y lo primero que tenemos que hacer es una autocrítica y no aprovecharnos de eso de a ver quién es el guapo que se atreve a no conceder una ayuda al deporte femenino, independientemente de lo que hagamos nosotras".
Limpia y clara, como su trayectoria deportiva. Un constante reto de superación "el deporte me lo ha dado todo en la vida, solo tengo palabras de agradecimiento", que ahora solo tiene una meta, los JJOO de Londres.
Ahí, en la capital inglesa, acuna sus sueños dorados. "A ver... Primero tengo que clasificarme, tengo dos años muy exigentes y claro que lo buscaré, aunque asumo que pueda no darse. Pase lo que pase, yo sé que soy una privilegiada", concluye.

Publicado en Noticias de Gipuzkoa el 30-11-2010

lunes, 29 de noviembre de 2010

Visiones de una crisis

No tenían dinero en Lehman Brothers, ni siquiera sabían que fuera un banco, pero la crisis económica que cristalizó en otoño de 2008 no ha dejado títere con cabeza y, al final, se ha cobrado víctimas por todas las latitudes.
Sobre una mesa en una cafetería de Ordizia, y en torno a unos cafés y un buen surtido de pastas, se sientan Sheila Salamanca estudiante de Traducción e Interpretación, 18 años, Ignacio Pinto hostelero de 36 años, Santiago Bonilla trabajador en paro de 37 años y Edurne Rubio periodista y empresaria, de 36 años para tratar de dar luz sobre una situación que ellos no crearon pero con la que tienen que lidiar.
La primera conclusión evidente es que, a pesar de los pesares, el hecho de vivir en una comarca próspera como Goierri y una sociedad con un fuerte tejido de apoyo social, es de una ayuda inestimable. Incluso Santi Bonilla, en paro desde enero por un ERE en la empresa fabricante de grúas para la construcción en la que trabajaba, ve el futuro con optimismo, "y lo que estoy haciendo ahora es dedicarme a la formación, recibir cursillos e invertir mi tiempo para prepararme". Para Santi, lo ocurrido "se veía venir desde hace tiempo, porque no era normal lo que ocurría; lo de los precios de las viviendas era desorbitado". Edurne apostilla que era una situación que "tenía que reventar en algún momento", mientras Ignacio refuerza la tesis de los años de las alegrías, asegurando que "el nivel de endeudamiento en el que nos estábamos metiendo todos era insostenible".
Solo Sheila queda un tanto al margen de la discusión sobre los desorbitados precios de la vivienda, una de las causas de la crisis que se vive en el Estado, aunque reclama "que se den ayudas para las viviendas para jóvenes como se dan, por ejemplo, en Alemania, porque si no, no nos podemos independizar". Edurne le rebate que uno de los problemas es "la obsesión que tenemos por comprar viviendas, por tenerlas en propiedad", mientras que Ignacio reconoce que, al final, "todos nos metemos en la rueda y yo mismo compré un piso que vendí por el doble en pocos años".
A pesar de todo, los dos empresarios presentes en la charla reconocen que, en su caso, la crisis no les ha afectado en demasía ni han tenido que pasar por el trago de tener que despedir a nadie en sus empresas. "En mi caso comenta Edurne he tenido hasta suerte porque mi empresa se dedica sobre todo al tema de páginas web y esto es algo que a pesar de la crisis ha ido en aumento. No obstante reconoce sé que las agencias que se han centrado más en el diseño gráfico están teniendo muchos problemas".
Ignacio Pinto, por su parte, recurre a la costumbre social para afirmar que "lo último que hace la gente es dejar de salir y reunirse en los bares. Eso sí, no hemos subido los precios en los últimos años y la gente en vez de beber whisky pide cañas. Ahora, para ganar lo mismo que antes, hay que trabajar mucho más aunque también es verdad que el pequeño comercio es el que más está sufriendo los efectos de la crisis; la gente que antes se compraba cuatro pantalones al año ahora pasa con dos".
El consumismo voraz de nuestra sociedad pasa a ser el blanco de la diana de nuestros contertulios y objeto de debate sobre si es o no una de las causas de la situación a la que se ha llegado. "En la gente joven es una pasada, hay muchos jóvenes que solo viven para el consumo", afirma convencida Sheila, mientras Santi, más reflexivo, considera que "quizás haya llegado el momento de sentarnos en una mesa y reflexionar sobre a dónde queremos llegar a parar". Edurne tiene claro que al final, la crisis no solo es una crisis económica, "sino también de valores del sistema", mientras Ignacio considera que "no podemos seguir manteniendo el ritmo al que nos estábamos acostumbrando, era una locura las bodas que se montaban, ahora nos vamos de vacaciones aquí, ahora a esquiar...".
La estudiante, Sheila, reconoce que, en líneas generales, la gente joven "no está muy concienciada con todos estos temas; van más a vivir el día a día, a aprovechar el presente que a preocuparse por un futuro, aunque sí que hay gente que se hace todas estas preguntas y piensa un poco más allá". Una gente joven que, en el campo laboral, exaspera en cierta medida a Edurne, quien en su experiencia profesional ha tratado con jóvenes "a los que les daba exactamente igual todo. Yo creo que se ha perdido la humildad en este sentido, no quieren aprender en su gran mayoría".
Mano de obra barata El hecho de que se utilice a los jóvenes como mano de obra barata en multitud de empresas no considera Edurne que se pueda buscar como excusa, "porque yo también fui mano de obra barata en un momento dado y lo único que quería era aprender".
Una actitud, la de las generaciones de estudiantes, que a juicio de Santi Bonilla, "tienen el gran lastre de las prácticas, de la especialización, es el gran déficit que le veo yo a la Educación hoy en día".
Interviene de inmediato Sheila para recordar que el conocido como Plan Bolonia incide en este aspecto, "pero a día de hoy ni los profesores saben cómo tienen que aplicarlo", y se defiende de las críticas a su generación asegurando que, "aunque es cierto que existe cierta dejadez y un interés de vivir solo el momento presente, esto depende de la voluntad personal de cada cual y en eso hay gente para todo".
Los cuatro reconocen que la actual situación de crisis puede provocar que, por primera vez en la historia, pueda existir una generación que viva en peores condiciones materiales que su predecesora, aunque todos quieren mantener viva la esperanza de que las cosas acabarán, tarde o temprano, yendo a mejor.
Santi es el más contundente: "Vamos a acabar saliendo de esto", aunque reconoce que en su caso la búsqueda de trabajo es más complicada "de lo que era hace unos años porque para un puesto de trabajo se presenta mucha más gente y, ahora más que nunca, hay que seguir cogiendo más formación y conocimientos". Incluso, el trabajador en paro reconoce que "si me plantean la posibilidad de cambiar de país por un empleo, lo haría; no creo que la cosa esté para rechazar un puesto de trabajo".
Edurne también es optimista pero, sobre todo, espera que todo por lo que está pasando sirva, "para un cambio de mentalidad", mientras que Ignacio también apuesta por la mejora de la situación, "aunque en mi caso, el de la hostelería, tengo un poco de miedo al futuro por toda esta política de prohibiciones, como la del tabaco, que estamos viviendo". Y Sheila no tiene duda de que sus estudios de Traducción e Interpretación acabarán dando sus frutos, "porque en esto hay muchas salidas".

Publicado en Noticias de Gipuzkoa el 29-11-2010

domingo, 28 de noviembre de 2010

Memoria para el futuro

Paco Etxeberria nos recibe en su despacho de la Facultad de Medicina de la UPV, en donde imparte clases, y antes de que tengamos opción a comenzar la conversación, el forense de de la Sociedad de Ciencias Aranzadi insiste por activa y por pasiva que le "disgustan" los protagonismos. Ya lo dejó claro en la cita telefónica para la entrevista cuando recomendó a los periodistas que sería más interesante entrevistar a algún miembro de la alguna Asociación de Familiares de Víctimas de la Guerra Civil para tratar el tema de la Memoria Histórica, pero lo que pretendíamos era trasladar una visión más global. Y si alguien puede trasladar la citada visión global es quien se ha convertido en la voz de Aranzadi, la institución que ha estado a pie de obra en la exhumación de cadáveres, la mayoría repubiclanos, de personas asesinadas durante la Guerra Civil y la posterior represión.
Pero los hechos son tozudos, y lo cierto es que el equipo de Aranzadi es la clara referencia estatal a la hora de llevar a cabo las labores de exhumación, el "cómo murieron", como quiere dejar meriadianamente claro Paco Etxeberria, pero no "el por qué murieron", una labor que todavía está en mantillas, "y que corresponderá a los historiadores en su caso pero que, obviamente, es algo que hay que hacer". Lo cierto es que en ese apartado de la criminalística, la sociedad de estudios vasca fue la pionera cuando ahora hace diez años Emilio Silva, actual presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, decidió que ya era hora de callar y se llevó a cabo la primera exhumación de una fosa en León. El abuelo de Emilio fue fusilado por los franquistas, "y una de las cosas que más me impresionó de este caso es cómo encontramos viejas fotos de él en la investigación y nos encontramos con una foto en la que encabezaba una manifestación con una pancarta en la que se leía Queremos una escuela…, eso era todo lo que pedía", afirma resignado.
Diez años después ya se han abierto 223 fosas en todo el Estado, con la recuperación de restos pertenecientes a más de 5.000 asesinados, muy lejos de los 130.000 nombres con lo que el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón pretendía abrir una vía de amparo y tutela judicial que ha quedado en agua de borrajas con su posterior recusación. Recuperar esos 130.000 cuerpos de las cunetas "es una utopía absoluta y no debemos crear falsas expectativas porque después de tantos años hay lugares que ya no existen, se han construido carreteras o viaductos encima y eso no se podrá lograr". Cuando se le recuerda que Aranzadi ha estado a la cabeza de muchas de las labores de exhumación, Etxeberria insiste en que, "ni somos pioneros ni somos los únicos, simplemente somos los técnicos de todo este asunto que tratamos de dar luz sobre la forma en que murieron, nada más".
Y es en este punto en donde entra el torrente explicativo y didáctico del apasionado forense de Aranzadi con las tres palabras mágicas que son el meollo de la cuestión; verdad, justicia y reparación. El símil que utiliza Etxeberria es extraordinariamente didáctico: "A las víctimas siempre hay que darles lo que no tienen. Las víctimas del franquismo han tenido reconocimiento, porque se les han hecho homenajes populares e institucionales pero no han tenido verdad, porque no se han investigado las causas de sus muertes, ni por supuesto han tenido justicia. Hay víctimas de otras violencias que no tuvieron esa reparación del reconocimiento popular pero sí que tuvieron verdad sobre los hechos y una Justicia que condenó a los autores. Estamos exhumando cuerpos añade pero alguien tiene que explicar por qué ocurrió y abrir las causas judiciales correspondientes".
Cuando habla de la Justicia, Etxeberria se muestra dolido de que en tan solo cinco de los 223 casos en donde se han abierto fosas comunes se hayan abierto diligencias judiciales, "y eso que nosotros siempre que actuamos en una fosa ponemos el hecho en conocimiento del juzgado correspondiente pero en solo cinco ocasiones, como en Donostia (en referencia al caso de los tres cuerpos que aparecieron en las obras del Puente de Hierro), han actuado. Lo lógico sería que nosotros trabajásemos sobre un perímetros acordonados por policías bajo mandato judicial, pero no es así".
Paco Etxeberria insiste en que esto sería, la intervención de la Justicia, la medida lógica, "en cualquier Estado de Derecho. Primero, la intervención judicial y después ya veríamos si los responsables han muerto o si los delitos han prescristo, que suele ser el argumento más recurrente aunque hay que recordar que los delitos de lesa humanidad, como son el secuestro y la desaparición, no prescriben nunca". Etxeberria tiene claro que lo que pretendía el juez Baltasar Garzón era dar "amparo y tutela judicial a lo que no lo tenía". También tiene claro que la causa abierta por la Audiencia Nacional no volverá a ser reabierta y que, "nadie ha querido salvar al juez Garzón", aunque no cree que la memoria histórica haya sido el objetivo de los querellantes contra Garzón, "sino el propio juez".
Etxeberria se muestra apasionado en su argumentario, especialmente en lo referente al derecho a saber que tienen los familiares de las víctimas. "Yo siempre suelo decir lo mismo y es que queremos construir la historia del pasado en base a los intereses del presente y y eso no puede ser. Hay que saber continúa lo que ocurrió con el máximo detalle posible, porque es lo que quieren las familias de las víctimas". El forense de Aranzadi considera inaudito, "que ni siquiera exista una ventanilla de atención a los familiares de las víctimas donde estas puedan leer en un papel el nombre de su padre o abuelo. Eso es importantísimo para ellos pero no existe".
Igual de inaudito que no se hayan iniciado acciones judiciales. "Esto, que hay 130.000 cadáveres en las cunetas y que no se ha investigado nada, lo cuentas fuera y no te creen, no se lo pueden creer, pero así es". Etxeberria tiene claro que la causa de todo esto "es que aquí no hubo una ruptura, sino que lo que hubo fue un tránsito. Y es cierto que cuando llegaron los socialistas hubo cambios importantes en aspectos como la sanidad, educación, protección social…etc. pero lo único que no se tocó fue Interior. Hasta el propio Belloch se quedó asustado con lo que se encontró cuando llegó a ministro entrados los noventa".
En este punto, Paco Etxeberria relata la anécdota de una mujer de Irun que estuvo exiliada durante el franquismo y cuando llegó la democracia volvió e, "intentó abrir una fosa con quince desaparecidos en Palencia en la que había algún familiar suyo. Pido ayuda a las instituciones y no obtuvo más que rechazó pero, incluso, lo hizo con su propio partido, un partido de izquierdas, y le dijeron que era mejor no mover nada el pasado. Ella no se lo podía creer, se preguntaba ¿A qué país he venido?, y al final se gastó 300.000 pesetas de las de entonces de su propio bolsillo y exhumó 150 cadáveres con sus propias manos".
A pesar de todo, el presidente de Aranzadi cree que algo se está moviendo "porque llegar a dónde hemos llegado era impensable hace diez años. Ahora explica a la gente no le parece tan raro lo que estamos haciendo como hace diez años y está claro que esto es un avance aunque falte mucho". Además, según afirma Etxeberria, "vivimos en una sociedad rica, opulenta y en las sociedades ricas y opulentas la atención a las víctimas, sean víctimas de lo que sean, está en auge y seguirá creciendo".
En sus diez años de peregrinaje por las cunetas que hace más de 70 años fueron el escenario de una matanza sin precedentes, Etxeberría no puede olvidar las entrevistas con los familiares de las víctimas. "La clave de todo está en los sentimientos de los entrevistados", afirma sin dudar aunque lo que de verdad le ha llegado a trastocar sus propios sentimientos, "es escuchar cómo algunos familiares te llegaban a decir que durante mucho tiempo creyeron que sus padres eran unos canallas y que estaba justificado lo que hicieron con ellos por todo lo que les contaban. Eso resulta impresionante", concluye el forense como queriendo recordar lo fundamental que resulta mantener siempre viva la memoria.

Publicado en Noticias de Gipuzkoa el 28-11-2010

sábado, 27 de noviembre de 2010

El capitán tranquilo

A la hora de pensar en el reportaje que representase el sentimiento realista desde la salida a la calle de NOTICIAS DE GIPUZKOA, no había dudas en la elección. Si había que escoger a alguien de la plantilla, nadie mejor que Mikel Aranburu, el azpeitiarra que representa como nadie toda una trayectoria de apego y sentimiento a los colores blanquiazules, desde sus primeros recuerdos de Atotxa, a donde le llevaba su tío, "con aquel equipo en el que estaban Carlos Xavier, Bittor Alkiza, Pikabea, Fuentes..."
Recibe a los periodistas después del entrenamiento a puerta cerrada previo al partido contra el Atlético de Madrid. A Aranburu, como buen realista, le gustan los partidos nocturnos, con sabor, "no sé por qué pero el cuerpo está mejor. Me gusta jugar a la noche". Aranburu no contaba el viernes con que el domingo se iban a encontrar con un colegiado que acabaría decidiendo el curso de los acontecimientos.
NOTICIAS DE GIPUZKOA salió el 24 de noviembre de 2005. El periódico se estrenaba con las previas de uno de los partidos del año, la llegada a Anoeta del Real Madrid. Xabi Prieto y De Paula ponían un dos a cero que parecía claro en el marcador, pero Raúl Bravo en el 87 acortaba distancias y, nada más sacar de centro, Zidane daba un nuevo mazazo a la afición con el empate a dos.
Dos puntos que se escapaban en los últimos minutos, lo mismo que ocurría siete días más tarde en Santander, donde la Real, nuevamente, se dejaba en los últimos compases otros dos puntos y la grave lesión de Mikel Aranburu, que tuvo que estar apartado varios meses de la disciplina del equipo.
A pesar de ello, para Aranburu, la grave lesión de rodilla no es el peor recuerdo que tiene de su trayectoria, "sino, sin duda, el día del descenso en Valencia. Eso fue mucho más duro". En aquella entrada que le provocó la lesión, el árbitro del encuentro, Pino Zamorano, ni siquiera llegó a pitar falta, "y, después, siempre que me lo he encontrado me pregunta qué tal me va", sonríe Aranburu.
El día que se consumó el descenso en Valencia es difícil que se le olvide al jugador azpeitiarra, "porque lo que se siente es mucha pena y, sin lugar a dudas, es la situación más difícil que me ha tocado vivir, aunque también hay otras como el día del partido de Vitoria en Segunda. Pero si tengo que elegir el momento más duro, ése es el del descenso, sobre todo por lo que representa para la gente, para una afición como la nuestra que siempre nos ha estado apoyando".
Fiel a su diplomacia habitual, Aranburu no busca excusas para el descenso, "porque ya llevábamos varías temporadas estando por abajo y al final nos fuimos a Segunda". La teoría de que el año en Champions posterior al del subcampeonato pudo pasar factura al club txuri-urdin no es considerada como excusa, "porque no sé si influyó o no en que perdiéramos la categoría".
También se muestra muy cauto sobre la turbulenta situación institucional por la que caminó la Real durante varios años, incluida la del descenso. "En el vestuario intentábamos que no nos afectara todo lo que pasaba fuera, pero sí que es cierto que el ambiente estaba muy tenso y al final todo ese tipo de cosas no ayudan nada". Durante todo este tiempo, el azpeitiarra ejercía de capitán y reconoce que "tuve que salir más veces a hablar como capitán de situaciones ajenas a lo deportivo, que de los aspectos puramente deportivos. Lo cierto es que todo esto lo recuerdo como una época bastante complicada continúa, pero ya superada porque ahora se ve una tranquilidad que ayuda mucho al trabajo".
Aranburu trata de olvidar toda la época de las turbulencias que tuvo su colofón en la Junta de Accionistas en la que resultó elegido presidente Jokin Aperribay y que concluyó con la intervención de efectivos de la Ertzaintza ante el cariz que estaban tomando los acontecimentos. Como realista de cuna y accionista del club, Mikel Aranburu reconoce que se percibía cierto riesgo "de fractura" incluso entre los aficionados realistas y que "aquello es algo que no se había visto nunca, cuando generalmente en las asambleas todo se acaba votando por unanimidad y sin más problemas. Había una crispación que no se había visto nunca".
Después llegó el calvario de la Segunda División, con aquella nefasta jornada de Vitoria que también queda en el recuerdo del azpeitiarra como uno de los "momentos más duros de mi vida deportiva". Pero el mundo es redondo y da muchas vueltas y el tercer año del tránsito por los campos de Segunda todo dio la vuelta.
Sin un atisbo de duda, Aranburu cree que la afición realista ha sido la verdadera responsable del retorno a los campos de Primera. Recuerda los desplazamientos masivos a plazas "como Soria, Cádiz o Salamanca como momentos inolvidables, como grandes alegrías", sin olvidar que Anoeta se convertía en el campo de la división de plata en donde más aficionados se congregaban cada fin de semana.
Por ello, no era difícil adivinar que el momento de mayor gozo para el centrocampista azpeitiarra se consumó el día del ascenso ante el Celta en Anoeta. Su reacción al finalizar el partido de quedarse quieto, como paralizado, con los brazos abiertos y mirando al cielo no la recordaba Aranburu, "pero supongo que sería por la sensación que tuve de alivio, de que por fin volvíamos después de los tres años que pasamos en Segunda. Ese día el ambiente en Anoeta era impresionante y fue una gran alegría para todos".
Cuando se le interroga si el hecho de ser guipuzcoano, de ser realista desde que empezó jugar al fútbol otorga un pedigrí txuri-urdin que no atesoran otros jugadores de los que van y vienen, Aranburu no se muestra en absoluto de acuerdo y recuerda que el día del descenso "todos estábamos igual de jodidos. No sé cómo lo lleva cada uno por dentro, pero allá estábamos todos abatidos".
Con su larga trayectoria en la primera plantilla realista, Aranburu ha visto desfilar a una larga lista de grandes jugadores. De todos guarda un gran recuerdo y le cuesta mencionar algún nombre que haya destacado sobre los demás. Cuando se le citan jugadores como Kovacevic o Nihat asegura que "no me quiero quedar con ningún nombre, todos han dado todo lo que tenían para la Real como también lo han hecho gente de aquí como López Rekarte. Jauregi, De Pedro y muchos más".
A su juicio, de lo que él ha podido comprobar en el vestuario a lo largo de estos años, "todos han demostrado como el que más su implicación con el club, desde el primero al último, sin distinciones".
Su diplomacia y mesura cuando habla de todo lo referente a la Real, alegrías y tristezas, momentos dulces y complicados, se evaporan como por arte de magia cuando se le pregunta por su segundo club, el Lagun Onak, aquel que le vio dar sus primeras patadas al balón en las categorías inferiores y que cuenta en sus filas con su hermano Josu.
Si nítidos son sus recuerdos sobre los momentos de gloria y sinsabores con la eslástica txuri-urdin, no menos nítido está en la memoria de Aranburu aquel partido para el ascenso a Segunda B que el conjunto de su localidad natal disputó en el campo de Garmendipe en mayo de 2009 frente a la Gimnástica de Torrelavega.
"No había visto nunca tanta gente en el campo, allá se juntó todo el pueblo", recuerda Mikel sobre el partido de vuelta. En el de ida, el conjunto cántabro había ganado por 1-0 a los guipuzcoanos. Nada más empezar el partido, el Lagun Onak se coloca con un 3-0 que parecía sentenciar la eliminatoria y, por consiguiente, el ascenso de los azpeitiarras a Segunda B. Se llega a los últimos minutos con un contundente 4-1 que parecía definitivo "y de hecho la gente ya estaba mandando mensajes de móvil a los que no habían ido al campo dando por hecho el ascenso, había un ambiente que yo no había visto nunca en Azpeitia".
Pero en el '89, un gol de falta directa de la Gimnástica pone el corazón en un puño a los presentes y un penalti muy protestado: "Yo no tengo nada claro que no fuera penalti", reconoce Aranburu. En los minutos de descuento se produce el definitivo 4-3 que da el ascenso al club cántabro y el Lagun Onak en cuestión de minutos se ve apeado de su sueño. "Eso sí que fue duro", añade Aranburu, quien vio el partido desde la grada acompañado de su compañero en la Real Mikel Labaka.
Aranburu cierra el encuentro confiando en que la Real vuelva a tomar el pulso a la categoría en donde ha estado la mayor parte de su historia "y podamos aprovechar esta ola positiva en la que estamos desde que conseguimos el ascenso. Aquí hay otro nivel y equipos que están en otra dimensión, pero tenemos que aprovechar al máximo el positivismo en el que estamos ahora", concluye.

Publicado en Noticias de Gipuzkoa el 27-11-2010

viernes, 26 de noviembre de 2010

Los rostros del amianto

"Al mirar atrás a la luz del actual conocimiento, es imposible no considerar que lamentablemente se han despreciado oportunidades de descubrir y prevenir las enfermedades por exposición al amianto". Tomas Legge, estadounidense, antiguo director de la Inspección Médica de trabajo en Industrial Maladies, EEUU, 1934.
76 años después, Toribio Veliz (ordiziarra nacido en Badajoz, 52 años, casado, dos hijos, hornero de Fundiciones Etxeberria, con una parte del pulmón extirpada por la exposición al amianto); Tomás Alcalde (ordiziarra nacido en Ortihuela, 68 años, casado, dos hijos, montador de 1ª en la CAF durante 37 años, en el quinto ciclo de sesiones de quimioterapia por mesioteloma pleural maligno, el cáncer provocado por el polvo blanco); Alejandro Saldaña (ordiziarra nacido en Reinosa, 76 años, casado, tres hijos, hornero en la CAF y con placas pleurales, antesala del cáncer) y Alberto Pardo (elorriotarra de Melgar de Fernamental, 54 años, casado, un hijo, caldista durante 36 años en Fundiciones Fitasa y con placas pleurales) se reúnen en la vieja sede de Comisiones Obreras de Beasain, justo enfrente de la puerta de entrada de la CAF, motor de la vida de gran parte del Goierri y que, paradójicamente, también puede serlo de la muerte de muchos de sus obreros que, durante décadas, trabajaron con una alta exposición al amianto, un producto que ya se sabía cancerígeno muchos años atrás pero al que nadie pudo, o supo, ponerle freno.
De maestro de ceremonias, Jesús Uzkudun, el sindicalista de CCOO que ha emprendido una particular cruzada contra los devastadores efectos del polvo blanco. Antes de comenzar la charla, muestra al periodista el reconocimiento oficial de que en sus años de trabajador en Pedro Orbegozo trabajó expuesto al amianto. Son ya 3.539 los trabajadores vascos que tienen reconocido por parte de Osalan el citado certificado. Un papel que es algo más que pura burocracia ya que de él depende la frenética lucha que están llevando a cabo para que haya un reconocimiento de todos los casos como enfermedad laboral, "y que no nos pregunten apunta Toribio Veliz cuando llegamos con los cánceres a ver cuánto fumamos". "A mí, cuando me preguntan si fumo mucho, siempre respondo que he fumado 35 años de una fundición". Son 3.539, pero han calculado que deberíamos ser "unos 40.000 en Euskadi", precisa Uzkudun. Los cuatro van desgranando sus experiencias médicas. Como casi siempre en estos casos, el asidero de la vida es infinitamente más poderoso que los fríos diagnósticos. "Tuve mucha suerte, me lo cogieron pronto y cortaron por lo sano, ni radio ni quimio", apunta Toribio Veliz. "Yo estoy formidable añade Tomás Alcalde lo tenía muy localizado y estoy formidable, aunque ya me han dicho que hay un 95% de probabilidades de que se puede reproducir". "Yo, salvo por el tema de que estoy perdiendo peso se suma Alejandro Saldaña me encuentro muy bien, pero lo del peso me preocupa". "Joder, qué suerte tienes, ¿cómo lo haces?", bromea Veliz, mientras Alberto Pardo relata que cuando empezó a tener problemas no pensaba ni por asomo que se podía tratar del amianto, y que cuando Jesús Uzkudun le advirtió de lo que podía ser lo primero que pensó es "ya está el Uzkudun con sus hostias. Al final me lo detectaron en el Instituto de Silicosis de Oviedo", recuerda. Sin citarla, todos saben que la muerte puede estar esperando y Alejandro Saldaña, el más veterano, recita como un mantra a los compañeros caídos por el amianto "Sánchez, Barandiaran, Sarriegi… todos se nos fueron sin pena ni gloria". Entonces Saldaña estaba trabajando en la construcción de los 8.000, "unos trenes que eran todo amianto". Uzkudun le corta para relatar cómo ya en el año 84 apareció un reportaje en El País sobre una denuncia que una turista inglesa había presentado porque percibió cómo salía polvo azul en el tren en el que viajaba. "Era uno de los 8.000, pero nadie le hizo ni caso". La falta de concienciación entre todos es uno de los aspectos clave para haber lleg
ado a la situación que se ha llegado, "empezando por la propia cultura de los trabajadores interviene Pardo, que solíamos decir aquello de bueno, de algo hay que morir, ¿no?". "Nosotros mismos no hemos llegado a tomárnoslo en serio hasta estos últimos años". Y aunque resulte paradójico, no hay una crítica a los empresarios, "estoy seguro de que Orbegozo se comió mucho más amianto que yo" asegura Uzkudun, sino a todo el conglomerado sanitario de mutuas y médicos de empresa. "Esos sí que sabían todo y lo único que han hecho ha sido tapar a quienes les pagaban la nómina, o donde tenían el negocio, mirar para otro lado", afirma Pardo.
Veliz va más allá y habla de un "pacto de silencio" para tratar de tapar el problema. Un pacto que, a su juicio, engloba "a todos, empresas, mutuas y administraciones, porque el problema es de unas dimensiones mayores de lo que pensamos". Pardo también apunta en la dirección de las mutuas sanitarias mientras Saldaña no tiene tan claro que los empresarios no lo supieran "pero solo buscaban el beneficio". En cualquier caso, todos coinciden en que la batalla no ha hecho más que empezar, ya que el periodo de incubación del mesioteloma pleural ronda entre los 20-30 años, etapa del pleno desarrollismo industrial en Euskadi, con una desmedida presencia del amianto, que no fue prohibido hasta el 2002. "Es curioso ironiza Uzkudun, pero ya en 1920 las compañías de seguros de EEUU no querían asegurar a las empresas que trabajaban con amianto porque en aquel país siempre ha habido una cultura de denuncias civiles y se exponían a perder mucho dinero".
Pero no estamos en EEUU, y el objetivo actual tanto del sindicalista como de los cuatro afectados es el reconocimiento de todos aquellos trabajadores que han desarrollado su vida laboral con exposición al amianto, la creación de un inventario del amianto existente en la actualidad ("la gente no se puede hacer ni una ligera idea de la presencia que tiene hoy en día el amianto en nuestros hogares o puestos de trabajo"), y un fondo de compensación de víctimas del amianto a semejanza de los que ya se han creado en Francia o en Japón, "y que no solo se centre en los fallecidos sino también en los que estamos vivos", saltan al unísono los cuatro trabajadores afectados. "Un fondo de compensación apunta Uzkudun liderado por el Estado porque esta es una cuestión de Estado, pero donde también haya fondos de mutuas y empresas porque es un problema que nos concierne a todos". No obstante, tanto Uzkudun como Veliz, Pardo, Saldaña y Alcalde son conscientes de los altos costes que supone poner todo esto en marcha en la actual situación de crisis pero "es un tema de justicia social". "¿No hay un fondo para las víctimas del terrorismo", se preguntan. La charla continúa entre las experiencias personales, las preguntas sobre compañeros que también han caído en una situación similar y la envidia sobre países de nuestro entorno que ya hace mucho tiempo comenzaron la guerra contra el amianto y los reconocimientos de las enfermedades laborales. "En Alemania, el 14% de los cánceres están reconocidos con un origen en el ámbito laboral. Aquí estamos en el 0,5%", apunta Uzkudun. La entrevista llega a su fin para dar paso a la incomoda sesión fotográfica. Son curtidos obreros bregados en mil batallas a los que, lógicamente, lo de las fotos les provoca cierto rechazo. Pero saben que tienen que pasar por ella porque el objetivo es "seguir armando mucho ruido para que se conozca la situación en la que estamos". Las bromas sobre el uso que se va a hacer de las instantáneas pone fin al relato en primera persona de cuatro trabajadores, responsables en la parte que les correspondía del crecimiento de la sociedad a la que pertenecen y que ahora solo exigen un reconocimiento de la trampa sobre la que estaban trabajando.

Publicado en Noticias de Gipuzkoa el 26-11-2010

jueves, 25 de noviembre de 2010

El orgullo de un hermano

"Cuando en los estudios paso por momentos bajos, de esos que no te apetece estudiar, pienso en Nagore, en que no puedo decepcionarla y me vengo arriba. En vez de distraerme, lo de mi hermana me motiva, es un reto, no le puedo decepcionar" Las palabras de Javier Laffage Casasola expresan en toda su crudeza esa mezcla de impotencia, desamparo y a la vez de orgullo y admiración por su hermana de este joven de 24 años alegre y vitalista que vio cómo el fatídico 7 de julio de 2008 se le venía el mundo encima. Es una muerte que no toca, que va contra la naturaleza, que no respeta el ciclo humano. "Estaba en la playa con los amigos, llegué a casa y me encontré a mi madre llorando y diciendo nos la han matado, que nos han matado a Nagore. Me acuerdo que tiré el móvil y ya no sé qué hice".
A Javier le cuesta hablar con los periodistas. No se siente cómodo y lo ha hecho en contadas ocasiones "y además añade los de las televisiones se enfadan si hablas con otra cadena antes que con ellos". Javier, desde la muerte de su hermana, se ha refugiado en Internet en su particular lucha para que la gente sepa que su hermana fue asesinada y torturada aquella mañana de San Fermín que tenía que haber sido de fiesta y acabó en tragedia.
Una fiesta a la que Javier, junto a sus amigos, tenía intención de ir "porque era el primer año que Nagore tenía piso y lo habíamos organizado todo para comprar la bebida e irnos a Pamplona". La posibilidad de haberle dado la vuelta a la historia si en vez del día 7 hubieran acudido a la capital navarra el día 6 es una idea que ha rondado por la cabeza de Javier en ocasiones "pero trato de olvidarla". Unas fiestas, los sanfermines, en las que Javier se levantaba siempre por las mañanas para ver el encierro por televisión "pero ahora no puedo ni ver a los toritos, no puedo. La verdad es que no creo que vaya nunca a San Fermín porque lo pasaría más mal que bien".
Lo que súbitamente recuerda Javier es una llamada que su hermana le hace el día de su muerte "sobre las seis o siete de la mañana. Me estoy acordando ahora comenta sorprendido y la verdad es que ni siquiera lo recordé en el juicio pero sí que creo que se lo dije a la Policía el primer día. Me llamó pero no pudimos hablar porque se oía mucho ruido, como de discoteca, y recuerdo que mi madre se levantaba entonces y me preguntó que quién era. Yo le dije que nadie porque no quería que supiera que Nagore me llamaba a esas horas. Supongo que me llamó para preguntarme cuándo íbamos a llegar pero no pudimos llegar a hablar por el ruido".
La imagen de Nagore es para él recordar a su hermana del alma que a pesar de ser dos años menor ejercía, para él un fuerte atractivo por su carácter. "Pienso mucho en ella", afirma con ojos vivos y sonríe cuando recuerda escenas de la vida cotidiana. "Cuando estaba aburrido en casa, siempre iba a su habitación a tocarle un poco las narices y hacerla enfadar".
La hermana menor que incluso le ayudaba en sus ligues, como cuando organizó todo para preparar un encuentro al margen de los ojos paternos entre una amiga suya y su hermano mayor. "Sacrificó su fin de semana para ayudarme a mí", dice divertido Javier sobre una cita que acabó en noviazgo. Ahora, su novia, y también amiga de Nagore, es su mejor apoyo, "aunque es la que más me tiene que aguantar porque con ella me desahogo de todo lo que ocurrió".
Tratar de pasar página en la medida de lo posible para un joven de 24 años con toda la vida por delante no es tarea fácil, aunque él reconoce que tiene que intentarlo, "pero todo te recuerda a Nagore. Cuando voy por la calle y me encuentro con sus amigas, automáticamente me acuerdo de ella y piensas que porqué ella. Cuando te vas de fiesta, siempre hay gente que se te acerca y te da ánimos, te dice que te quería conocer, te da apoyo, con toda la buena voluntad del mundo, pero de inmediato vuelves a recordar todo. Es muy difícil, aunque lo intento".
Javier intenta que lo ocurrido no le afecte en su vida normal, pero reconoce que es bastante complicado. Asegura que cuando ve noticias relacionadas con la violencia de género en televisión, cambia de canal, pero cuando aparece alguna noticia relacionada con los jurados populares, una espina que lleva clavada muy dentro por la sentencia que emitió el encargado de juzgar al asesino de su hermana, siempre presta atención. Procura que en sus relaciones no se trasluzca lo sucedido "pero, por ejemplo, no quiero que ninguna amiga se vaya sola a casa".
En este punto, Javier se muestra preocupado por su madre. Teme que el final de todos los procesos legales acaben por hundirla después de dos años de lucha en búsqueda de justicia. "Mi madre está viviendo para que se reconozca que mi hermana fue asesinada pero, cuando todo se acabe, me da miedo que se hunda. Mi padre lo lleva todo mucho más por dentro, con mucha rabia como yo, pero mi madre lo expresa todo mucho más y no sé qué pasará cuando todo acabe".
El juicio celebrado en Pamplona y que acabó condenando a doce años y medio de prisión a José Diego Yllanes al considerar el jurado popular que lo sucedido fue un homicidio y no un asesinato, es para él una pesadilla. "Al principio estuvo bien, pero al final acabó siendo salsa rosa. Ahí metió mano alguien porque lo que pasó no es normal", afirma con una mezcla de convencimiento y rabia.
Para Javier, la familia del joven médico pamplonés que acabó con la vida de su hermana "lo tenía todo muy medido desde el principio, desde el primer día", mientras no puede esconder su indignación con el pago de la indemnización justo antes de celebrarse la vista. "Yo pagaría lo mismo si le condenasen a 20 años", afirma con rabia poco disimulada.
Los recuerdos del juicio celebrado en Pamplona se le amontonan en la cabeza como una mala pesadilla, con su ira centrada en el jurado popular. "¿A qué viene preguntar si mi hermana era ligona? ¿Y qué pasa si lo era? Olé por ella si lo era, es lo que nos gusta a todos", afirma indignado Javier, quien no duda que el testimonio de Yllanes fue una puesta en escena de nula credibilidad. Javier tiene claro que su hermana plantó cara a su agresor en un determinado momento "porque ella no se dejaba pisar por nadie" y se suma a la tesis de que pudo amenazarle con denunciarlo por algo que sucedió en la casa del crimen "y, además, conociendo como conocía a mi hermana, estoy seguro de que lo habría hecho, que habría salido de allí y habría ido a denunciarlo de inmediato", asegura convencido.
Cuando se le pregunta por el encuentro con los familiares de Yllanes, se muestra incómodo, muy dolido. "Ellos no tienen ninguna culpa pero no se han portado bien, solo miran por su interés y no por lo que le ocurrió a mi hermana". De todo el círculo de familiares y amistades del agresor, a Javier solo se le cambia la expresión cuando escucha el nombre de Guillermo Mainer, el amigo al que Yllanes trató de recurrir como coartada para la ocultación de pruebas y que al recibir la llamada de ayuda puso los hechos en conocimiento de la Policía y se activo la búsqueda del agresor. "No lo conozco afirma reconocido Laffage pero ese nombre no se me va a olvidar en la vida porque gracias a él no se pudo escapar".
Ahora, Javier espera con cierta esperanza la revisión del caso hoy por parte del Tribunal Supremo, si bien a su vez no puede evitar mostrar su temor porque la sentencia quede igual o, incluso, pueda llegar a reducirse si se atiende al recurso de la defensa también aceptado por el alto tribunal. "Puede parecer cruel lo que digo pero cuanto peor lo pase, mejor", sentencia dolido un joven que se despide de los periodistas mientras se introduce en las redes sociales para dar a conocer el documental Nagore, de la directora navarra Helena Taberna, que se exhibe estos días en los cines, "porque ahora lo único que puedo hacer es que la gente conozca lo que sucedió". Un documental en donde el hermano de Nagore pronuncia la dura sentencia de "yo siempre había pensado que quería tener dos hijos pero ahora sé que quiero tener tres por si ocurre algo similar". La impotencia de un joven que el 7 de julio de 2008 debería haber estado en Pamplona junto a su hermana y sus amigos disfrutando de unas fiestas pensadas para ellos y se encontró con el alma partida por la mitad.

Publicado en Noticias de Gipuzkoa el 25-11-2010

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Las sonrisas no cambian

Para proporcionarme una esmerada educación, mis señores viejillos me llevaron a un colegio de curas y como aquel suceso ocurrió ya hace bastantes años, debido fundamentalmente a mi edad, era todavía la época en los que los colegios no eran mixtos. Vamos, que solo íbamos maromos. Pero por esas cosas extrañas de las políticas educativas, mi colegio, de maromos muy maromos, no tenía COU y nos mandaban a hacer como que estudiábamos el año previo a la universidad nada más y nada menos que a las Ursulinas de Jesús, que a su vez era un colegió íntegro de señoritas, muy señoritas. El caso es que allá aparecimos seis maromos seis y nos metieron en una jaula con 46 señoritas, 46. Dudo, bueno no dudo absolutamente nada sino que tengo la certeza absoluta, de que jamás volveré a pasarlo tan bien como aquellos diez meses. Es más, aprobé en junio todo y con el paso de los años he podido comprobar que es el error más importante que he cometido en mi vida. Mis colegas repitieron curso y mientras yo me integraba en un mundo más o menos equilibrado, paritario lo llaman ahora, ellos empezaban otra vez en septiembre con una nueva remesa de 46, todas distintas. Sus madres decían que yo era el amigo listo por aprobar. Un jodido pardillo es lo que era. El sábado pasado nos juntamos a comer 90 para celebrar los 25 años de la salida del colé. Y como todo en estas cosas, vas con el temor de no saber muy bien que encontrarte, con que nada puede igualar a la intensidad de aquella época. Y claro que todo cambia, pero las sonrisas siguen siendo las mismas, idénticas, como gotas de agua.

La fuerza de la solidaridad

El 28 de abril de 2009, el joven camerunés Jacques Armand Nog, estudiante de Ingeniería de la UPV, fue deportado en cuestión de horas a Camerún. La movilización de sus compañeros permitió su regreso 145 días después.

La cita con los periodistas y su antiguo colega de la facultad tiene lugar en la estación de autobuses de Vitoria, la ciudad en la que vive y desde donde salió aquella mañana del 28 de abril de 2009 en la que, ni en la peor de sus pesadillas podía imaginar que un día normal de estudios en Donostia iba a acabar esposado en un avión con dos policías españoles escoltándole rumbo a Nigeria por una Ley de Extranjería que no entiende no solo de humanidad, sino tampoco de esfuerzo, capacidad de superación y el más mínimo sentido común.
Pero así fue, tras coger el autobús, como cada día, de Vitoria a Donostia, "me estaban esperando en la estación de Amara varios policías de paisano". Unos meses antes, Armand Nog ya fue detenido por tener el pasaporte caducado y cada dos semanas tenía que acudir a la comisaría para sellar mientras trataban de arreglarle los papeles a un estudiante modélico que recaló en Euskadi en 2004 para vivir con su madre y sus hermanos en función del reagrupamiento familiar. "Salí de Camerún por lo que lo hacemos todos; para buscar un futuro mejor", apunta Armand.
Pero aquel día le tocó la indiscriminada loteria de la injusticia. Tras ser detenido y conducido a la comisaría de Donostia, le comunicaron que iba a ser deportado. "No me lo podía creer, les enseñé la matrícula de la Universidad y les dije que no podía ser porque tenía exámenes en un mes en aquel entonces estudiaba Ingenieria Técnica en el campus de Donostia pero no sirvió para nada y empecé a llorar de la impotencia que sentía".
Una situación de injusticia que no fue ajena a los propios funcionarios policiales que tuvieron que ejecutar la deportación exprés del joven camerunés, "que me dijeron que era muy injusto lo que estaba pasando. Uno de ellos empezó a dar portazos dentro de la comisaría".
El sentimiento de impotencia y humillación fue creciendo al mismo tiempo que la situación le provocaba intensos dolores de cabeza al joven estudiante, "y me llevaron esposado al hospital. Ese momento no se me olvida, cuando iba por los pasillos del hospital con las esposas puestas".
De ahí, en coche a Barajas para coger un vuelo a Camerún vía Marruecos. Fue en este punto cuando Armand reconoce que se desahogó con los policías, "y les decía que ahora entendía el porqué muchos jóvenes inmigrantes que no han hecho nada de repente se vuelven rebeldes. Ahí lo entendí".
Sin comerlo ni beberlo, en poco más de 24 horas se encontró en la ciudad camerunesa de Yaoundé, con su mochila de estudiante para pasar el día en Donostia y 10 euros en el bolsillo que tenía para el bocadillo, y sin nadie a quien recurrir porque la mayor parte de su familia había fallecido o vivía lejos. La tensión acumulada le sobrevino de repente y acabó sufriendo un desfallecimiento y fue trasladado al hospital.
Fue una enfermera del centro sanitario, "una madre con siete hijos a los que alimentar", la que le dio amparo y cobijo en su casa dos semanas, "y hasta me dio ropa", afirma agradecido Armand. Al cabo de esas dos semanas, los padres Salesianos se hicieron cargo del joven deportado hasta su definitiva repatriación el 18 de septiembre de ese mismo año. Armand, que se confiesa "poco religioso", solo puede mostrar palabras de agradecimiento hacia los religiosos y reconoce que empezó al principio a ir a misa por las mañanas, "pero lo dejé enseguida porque se levantaban demasiado pronto", sonríe divertido.
A miles de kilómetros, en el campus donostiarra de la UPV, sus compañeros de estudios no podían dar crédito a la situación que estaba viviendo Armand y comenzó la movilización. "Pero desde la dirección interviene Iñigo Parra, uno de los amigos que más se movilizó para conseguir el regreso de Armand nos decían que no hiciéramos nada, que igual era peor; nosotros no lo podíamos entender y fue entonces cuando fuimos al periódico en referencia a NOTICIAS DE GIPUZKOA para que se conociera la situación y se hiciera algo, nos daba igual que nos dijeran que podía ser contraproducente porque no podíamos tolerar esa injusticia. No entendíamos absolutamente nada".
Armand escucha a Iñigo y corta la conversación afirmando con agradecimiento y convencimiento que "si mis compañeros no hubieran metido tanto ruido como metieron no hubiera podido volver. De eso estoy seguro".
Con Armand en la residencia de los Salesianos, "eso se consiguió gracias a la iniciativa personal de una profesora de la Universidad que no estaba muy conforme con que no se hiciera nada aclara Iñigo Parra para que quede constancia" se puso en marcha, por un lado la maquinaria de la solidaridad estudiantil y por otro las gestiones burocráticas en las altas instancias para conseguir el ansiado visado de estudiante de Armand.
Mientras en la UPV se inventaba el Armandómetro, un peculiar y aparatoso artilugio para recaudar dinero para Armand, el joven estudiante deportado acudía a diario a la embajada española en su país natal para ver si tenía la fortuna de haber desaparecido de la lista negra, ese frío estadillo de nombres que trata de cortar los sueños de quienes aspiran a un futuro mejor.
En su estancia en Camerún, Armand recibía de sus compañeros los apuntes de clase, "me llegaban en valija diplomática", sonríe e, incluso, fue a la embajada a realizar sus exámenes de junio, "y no me llevé los apuntes para copiar, aunque podía".
'Vacaciones' en la playa El tiempo pasaba y el apoyo humano, además del material, de los Salesianos, le permitió socializarse en su país de origen, formarse un nuevo grupo de amigos y hasta irse quince días de vacaciones a la playa. "¿En eso te gastabas el dinero que te mandábamos, ¿eh?", le reprocha irónicamente Iñigo mientras Armand niega tajantemente, entre risas, que se gastara nada del dinero que le enviaban sus compañeros aunque acaba reconociendo, presionado por su compañero y los periodistas, de que se divirtió con chicas en la playa "porque había que desahogarse" aquellos días de vacaciones.
Las gestiones de Gobierno Vasco y UPV, provocadas por la movilización de los estudiantes universitarios, dieron finalmente sus frutos y un buen día, en su rutina diaria de la visita a la embajada, le comunicaron que ya había desaparecido de la lista negra y que podía regresar a España en cuanto quisiera. Armand reconoce que los vínculos establecidos durante aquellos meses, especialmente con los padres Salesianos, le provocaron un sinfín de emociones en la despedida de quienes fueron su familia durante aquel injusto destierro.
Finalmente, el 18 de septiembre de 2009, 143 días después de haber sido detenido en la estación de Amara, Armand se ponía elegante, "quería llegar guapo para reencontrarme con mi familia pero al final parecía un mafioso (risas)", y se encontró con su familia en el aeropuerto de Barajas.
Armand Nog se pone serio en este instante y muestra su agradecimiento a "todos y cada uno de los que me apoyaron en todo aquel tiempo porque sin ellos no estaría de nuevo aquí. Es más añade después de todo lo que me apoyaron, la mejor forma que tengo de agradecerlo es sacarme la carrera porque es lo menos que puedo hacer por ellos". Armand, en estos momentos, cursa Ingeniera Superior en el campus de Bilbao, una carrera de tres años, y tiene un visado de estudiante que debe renovar cada año, "pero tengo que acreditar que me puedo mantener económicamente", afirma sin esconder su temor al momento de tener que volver a renovar el permiso.
De la experiencia vivida, Armand tiene claro que "tengo que ser más cuidadoso con los temas legales, no ser negligente y hacer las cosas con antelación porque lo que tengo muy claro es que nadie me va a regalar nada", y tiene un especial cuidado en no criticar abiertamente la estricta Ley de Extranjería que provocó su situación, "aunque creo que deberían ser menos estrictos porque no hay nada de malo en que la gente quiera buscar un futuro mejor".
La cita llega a su fin con los proyectos de futuro y la complicada búsqueda de trabajos que permitan aliviar la situación económica. "Así que ya sabéis interpela Iñigo Parra a los periodistas, menos entrevistas de periódico y más entrevistas de trabajo", entre las risas y asentimientos de Armand, un joven y modélico estudiante al que hasta el Gobierno Vasco le otorgó recientemente un reconocimiento y que, gracias a la kafkiana situación en la que se vio envuelto, pudo comprobar la enorme fuerza de la solidaridad.

Publicado en Noticias de Gipuzkoa el 24-11-2010

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Dejar de fumar

“Jorge, estoy leyendo el libro ese de dejar de fumar si sabes como porque o lo dejo o en menos de un par de años o voy a acabar andando por la calle con la esquela en la mano”, le suelto a mi hermano para buscar un poco de apoyo fraternal en lo que solo –para una tilde que sabía donde se ponía, la quitan– son intentos de pensamiento. Yo solo he intentado dejar de fumar de pensamiento. “No jodas, ese es un libro cojonudo”, me suelta a bocajarro, hundiéndome en la miseria. Él fuma un paquete y medio al día y me suelta lo de que es un libro cojonudo como quien habla de Dostoyevski o Edgar Allan Poe. “Jorge, joder, el objetivo del libro es dejar de fumar y no ganar el Planeta”. Ya, ya, no te pongas así, yo me leí de una sentada, me fumé varios trujas y me pareció cojonudo, sin más, no me lo leí para dejar de fumar, me lo leí porque estaba aburrido”. Así es mi hermanito, con varias pedradas consecutivas y ahora ya no sé si seguir leyendo o no, aunque tengo que reconocer que iba en la página 22 y llevo unos 22 días leyéndolo, a página por día, todo un ávido lector. El motivo es evidente, acojona acabar porque se supone que tienes que dejar de fumar aunque después de lo mi hermano igual me lo leo de una sentada con medio paquete de celtas sin boquilla, hago una crítica para el Babelia de El Pais y decido abandonar humos y malos olores el 1 de enero, que es lo que hace la gente sensata y normal. O para el 1 de septiembre, después del veranito, que el 1 de enero se hay overbooking de promesas. Jodido hermano, para qué habré hablado con él del tema.

Publicado en Noticias de Gipuzkoa

jueves, 11 de noviembre de 2010

'Periodicucho' no lleva tilde

¿QUÉ pasa, tienes algún contacto en la RAE, eh? Eso es lo que
me soltó una compañera que tiene que padecer el suplicio de corregirme
alguno de los textos que escribo a cuenta de que los académicos
han suprimido las tildes en los pronombres demostrativos. Espero
que sigan con los interrogativos, los indefinidos y toda esa
banda incontrolada de pronombres a los que jamás he conseguido
poner una tilde en su sitio. Y como jamás entendí el porqué se
tenían que tildar, en realidad no entiendo la propia existencia
de los acentos, era difícil que acertara. Una mente básica la
mía. Si no entiendo, no comprendo, no hay que darle más vueltas.
Por eso mi vida religiosa se paró en seco el día que me tocó
estudiar la Santísima Trinidad, lo de que Dios es uno y trino
al mismo tiempo, que viene a ser algo así como los pronombres
demostrativos pero en la dimensión del más allá. Lo incomprensible
se me escapa. Me ocurre con los demostrativos, la Santísima Trinidad
y la izquierda abertzale ilegalizada. Goirizelaia ha dicho esta
semana que somos un periodicucho de cotilleos a cuenta de haber
cumplido con nuestro trabajo. La faltada al respeto a todos los
profesionales que hacen este periódico ha sido muy propia del
talibanato patrio. Pero bueno, igual soy yo el equivocado, así
que haré propósito de enmienda, aprenderé a tildar los interrogativos,
aceptaré en un todo al padre, el hijo y el Espíritu Santo y abrazaré
la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad pidiendo curro
en el Hazañas Bélicas, que lleva tilde en la bé de béééééééééé.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Prejuicios europeos

Vamos muy mal si aplicamos los criterios europeos de lo políticamente correcto al avance del Tea Party en EEUU, el ala presuntamente más derechista del Partido Republicano, ese partido al que se afilió mi tía Josefina cuando llego a Boston tras la Guerra Civil “porqué estos tienen que ser los míos”. Analizar los resultados desde la rígida mentalidad europea suele ser lo habitual, pero no deja de ser un garrafal error, muy alejado de la realidad. Al Tea Party no le han votado sólo los wasp (blancos, anglosajones y protestantes) xenófobos y homófobos, los defensores de la Asociación Nacional del Rifle, los que llegan vírgenes al matrimonio de forma voluntaria. No. Llegar a esa conclusión es el recurrente error al que suelen llegar los que no pueden reconocer que el sistema está haciendo agua por los cuatro costados y el personal quiere otro tipo de soluciones. Cuando Jean Marie Le Pen empezó a despuntar en Francia, el discurso era el mismo. ¿Cómo es posible que se vote a ese ultra?, se preguntaban los defensores del status quo, que tardaron en reconocer que los votos no provenían de iluminados de La Grandeur sino de comunistas de los barrios obreros que veían como empeoraban a pasos agigantados sus condiciones de vida. El Tea Party es posible que haya cosechado votos de esa ultraderecha nacionalista sin fronteras, pero tan cierto es esto como que los anarquistas americanos, que son bastantes, probablemente les hayan dado el voto. Reconocer esto significa reconocer que algo está fallando de forma clamorosa y por eso seguiremos lanzando los encorsetados, y falsos, discursos europeos.